Mi tierra Guaraní, mi Patria Paraguaya, estuvo desde el principio y seguirá hasta el fin de los tiempos, libre, soberana y auténtica, por sobre la infamia de cuantos pretendieron borrarla de los anales de la historia.
Mezcló la pureza de la raza, con la que llegaba de allende los mares, aceptándola en silencio para el bien de sus hijos; después se liberó para que éstos fueran dueños y señores de su propio destino; luchó, no por soberbia, sino por dignidad contra la ambición sin medida, que intentó avasallarla borrando su estirpe. Así, sus hijos pasaron desde los salones de Ónice y Oro al polvo de los caminos y la mañana de la Selva Virgen.
Hoy por sobre tantas cruces de pena y silencio, sigue mi tierra.
¡Autentica, libre y soberana, siendo …
¡El Reino de la Raza Guaraní!

